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SIGNIFICADO DEL ESCUDO EPISCOPAL
Escudo mantelado
En la punta, sobre campo de plata un cáliz con vino y un pan, ambos
al natural. Se trata de la Eucaristía, fuente (la punta del campo en
que se encuentra) y culmen (el borde cóncavo del escudo) de la vida
de la Iglesia. Es en el encuentro con Jesús Eucaristía donde el
obispo ha encontrado siempre la fuerza, la gracia y la alegría. En
ella ha aprendido las dimensiones de la caridad concreta, la entrega
y el servicio, así como la fraternidad y la cercanía con los
hermanos. Está presente en su escudo porque espera que así siga
siendo para él y para toda la Iglesia que peregrina en San José y
Flores.
En la partición derecha, de gules, una “vara de San José” y una
garlopa de carpintero; signos de San José, esposo de María y obrero,
patrono y titular de la diócesis en la que el Obispo ha de servir
como pastor. Coronando los signos antedichos hay una banderola con
la frase “ITE AD IOSEPH” (“Id a José”), invitación confiada a
acercarse al padre adoptivo de Jesús, que encuentran en el umbral de
su entrada principal todos los visitantes de la Iglesia Catedral de
San José de Mayo. Además de ser una expresión de la confianza del
obispo en el Patrono de la diócesis, a cuya intercesión se
encomienda e invita a todos sus hermanos a hacerlo; es también una
invitación a sentir la Catedral como casa de todos.
El color rojo del fondo es signo del amor y el cuidado de San José
por Jesús, el mismo con el que Mons. Fajardo desea ser custodio y
servidor de Jesús presente en sus hermanos y hermanas de la Iglesia
diocesana.
En la partición izquierda, se encuentra representado el manto de
Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y protectora de todos los pueblos
de América Latina. A María y a su cuidado y amor, confía Mons.
Fajardo su Diócesis y su ministerio Episcopal.
Corona el escudo el cayado del “Buen Pastor”, que en la cruz da la
vida por las ovejas; modelo de todo pastor y del amor semejante al
suyo con que Jesús les pide a los obispos que le amen y apacienten a
sus hermanos.
El escudo está timbrado por el sombrero verde que en la antigüedad
utilizaban los obispos y se ha convertido en un signo que identifica
este escudo como perteneciente a un obispo. |