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Ordenación Diaconal
Fernando Perera
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Fernando Perera fue ordenado Diácono Mons. Arturo Fajardo: “Dar gracias a Dios que te llamó, porque toda vocación es don de Dios, es inmerecida, siempre nos queda grande, gracias Fernando por tu sí…”
En una celebración que contó con la presencia de unas 400 personas, en el patio de la Parroquia Nuestra Señora de Luján en Trinidad, Flores, mediante la imposición de manos del Obispo diocesano Mons. Arturo Fajardo ordenó Diácono a Fernando Perera.
El Obispo agradeció, al inicio de la celebración, al Obispo de Florida, Mons. Martín Pérez y al Obispo emérito de la misma Diócesis, Mons. Raúl Scarrone la presencia de ambos.
La ordenación comenzó con las Lecturas del Antiguo Testamento, el Salmo y el Evangelio, que en este día corresponde el pasaje que narra el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús.
En la el comienzo de la liturgia de ordenación, el Padre Marco Antonio Jorquera, presentó y pidió la ordenación diaconal al Obispo “según el parecer de quienes lo conocen y presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio que ha sido considerado digno para el orden de los diáconos”
Mons. Fajardo en su homilía se refirió particularmente al Evangelio de los discípulos de Emaús, “…que se quede con nosotros porque anochece, le pedimos que se quede y que nos explique las escrituras… que parta para nosotros el pan, sobre todo se lo pedimos como iglesia diocesana, que haga arder nuestro corazón”, en referencia a las frases más significativas de este texto del evangelio de Lucas.
“Le pedimos al Señor que nos ayude a volver a Jerusalén, el núcleo de la fe, Jerusalén es donde celebramos el misterio pascual, el pentecostés cristiano, la comunidad apostólica, siempre tendremos que volver al inicio”, en referencia a la Semana Santa, donde recordamos que el cristianismo “está siempre en proceso de inicio, siempre a partir del fundamento y del encuentro con el Señor”, manifestó el Obispo.
“Podemos preguntarnos como comunidad, hacia donde caminamos, hacia Emaús, hacia nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nuestras dificultades, hacia ver el mundo desde lo chiquito de nuestra visión, o hacia Jerusalén donde somos sanados, redimidos, donde el Señor reúne a la comunidad y nos envía”, reflexionó Mons. Fajardo. “… el Señor se preocupa por nosotros, está cerca, es el Buen Pastor que va a nuestra búsqueda, hace el camino con nosotros, deja a las noventa y nueve y va a buscar la que se perdió… ¿qué te pasa? ¿qué te ocurre?, esas preguntas son las que el Señor nos hace cada día”, comentó.
El Obispo destacó el encuentro con la Palabra de Dios, la cual es Cristo, repasando la importancia que en el actual proyecto pastoral diocesano se le ha dado a la Escritura, “conocerla totalmente, no el mucho saber sino el sentir y gustar que es lo que llena el corazón y es lo que hace que arda el corazón como le ardía a los discípulos”.
Hablándole particularmente a Fernando, el Obispo dio gracias a Dios por su vocación, al igual que el sí de tantos sacerdotes, religiosos y religiosas presentes “…agradecer a Dios que te llamó, porque toda vocación es don de Dios, es inmerecida, siempre nos queda grande, Dios no elige capaces, sino que capacita a los elegidos, porque nos elige nos capacita para la misión”, comentó el Obispo.
En el final de la Homilía, Mons. Arturo se refirió al servicio de los diáconos y la misión de los mismos en la vida de la Iglesia, así como también hizo una referencia al tiempo de Pascua y la Beatificación de Juan Pablo II vivida el pasado 1º de mayo, “…creo que el nuevo Beato, Juan Pablo II nos dirige este mensaje a nosotros como comunidad diocesana, el Papa que fue ‘cerrajero’, que abrió puertas, hoy más que nunca le pedimos al Señor, que podamos abrir las puertas, a no tener miedo, a dialogar, a esforzarnos en comunicar el Evangelio, establecer vínculos con los amigos y vecinos, a ser testigos de esta buena noticia, también a Él le pedimos la fuerza de ser testigos…”, sentenció.
Antes de la imposición de manos, con el cual quedará incorporado al orden de los diáconos, el Obispo pidió a Fernando que manifieste ante el pueblo su voluntad de recibir este ministerio, el cual se realiza mediante un breve cuestionario. Con la imposición de manos, gesto principal en la Liturgia de la ordenación, se manifiesta a través de él un signo de confianza interior, que se expresa en el actuar callado del Espíritu Santo, el mismo se realizó en silencio y oración de todos. Luego se procedió a la entrega de la estola, la cual fue acercada al altar por sus sobrinos y su hermana e impuesta por el Diácono Permanente Ruben Velázquez, así mismo se entregó el Evangelio y el libro de la Liturgia de las horas.
Acción de gracias Dos delegadas de la Pastoral Juvenil Diocesana, fueron las encargadas de compartir unas palabras de agradecimiento y reconocimiento a Fernando por sus años dedicado a la tarea con los jóvenes en las comunidades donde ha acompañado.
Fernando entre tanto, agradeció la presencia de todos, muy emocionado durante algunos tramos de la lectura de agradecimiento, donde destacó fundamentalmente a su familia “gracias Padre por la vida y por todos aquellos a quienes vas poniendo en mi camino, a mi familia, un tesoro donde elegiste que naciera con el amor de mi gente”. Se emocionó mucho al hablar de su hermana Laura, a la que calificó como “su segunda madre” y ante su emoción, un aplauso espontáneo de toda la gente.
“Gracias Padre por llamarme en esta hermosa vocación, desde que dije si, que me tiré al agua… gracias a la Iglesia, mi familia en la fe”, agradeció Fernando, dedicando palabras a cada una de las comunidades donde ha estado. Agradeció particularmente a la comunidad de los Salesianos y los Oblatos de María Inmaculada, en las que ha compartido mucho, según sus palabras.
“Gurises, mil gracias por todo lo compartido, han sido una pasión pastoral el estar junto a ustedes, sigan apostando por confiarle la vida a Jesús, su proyecto es su felicidad, elegir vivir es vivir con Él como garante y compañero, tienen mucho para dar…, jóvenes lo que hemos visto, vivido y oído no lo podemos callar, callar es apagarnos, acomodarnos, bajar los brazos, la experiencia rica de la intimidad con Jesús y la experiencia con otros es lo que están llamados a vivir como amigos de él, no lo callen en sus vidas nunca, ni tampoco en sus corazones… pongan todo en sus manos”, concluyó agradeciendo a los jóvenes, que en gran número acompañaron a Fernando en su ordenación.
Finalizada la Misa se compartió un brindis en los patios de la Parroquia y un video, creado por los jóvenes, que, a modo de biografía, iba repasando la vida del nuevo Diácono de 27 años.
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AUDIOS
Homilía de Mons. Arturo
Acción de gracias | Fernando Perera
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VIDEOS Acción de gracias - Pastoral Juvenil Acción de gracias - Fernando Perera (*) Agradecemos la filmación de los videos a Imanol Pereyra |
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:: Ordenación Diaconal de Fernando Perera Será en Trinidad el 7 de mayo a las 16:00 horas. Fernando Perera tiene 27 años
Fernando Perera, nació en Canelones el 4 de enero de 1984. El próximo sábado 7 de mayo recibirá mediante la imposición de manos de Mons. Arturo Fajardo, Obispo de San José de Mayo, la Ordenación como Diácono, paso previo al sacerdocio.
La celebración será en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, en Trinidad, Flores a las 16:00 horas y contará con la presencia de todo el presbiterio de la Diócesis de San José y de varios sacerdotes, seminaristas y religiosos amigos del futuro Diácono.
En entrevista concedida a RED Diocesana Fernando nos cuenta como ha sido su camino de fe y de discernimiento vocacional en estos años. Sus primeros estudios fueron en la Escuela Nº 41 de Santa Lucía y la Escuela 105 de San José. La secundaria en el liceo Nº1 de la ciudad de San José de Mayo. El 21 de febrero de 2003 ingresó al Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", culminando allí sus estudios de Filosofía y Teología en 2010.
En la pasada celebración de la Misa Crismal ha hecho su profesión de fe y promesa de celibato, pasos previos a la Ordenación.
En esta extensa entrevista, Fernando Perera ha respondido a algunas cuestiones relacionadas con su vocación, el lugar de la familia y la comunidad, la importancia y experiencia de los sacramentos de la comunión y confirmación. El ingreso al Seminario en 2003 y los recuerdos de ese tiempo. Los estudios en la Facultad de Teología, la experiencia de los Colegios como catequista y animador, su trabajo pastoral en el Colegio San José y actualmente en el Colegio del Huerto de San José.
Fernando ha elegido como lema para su Ordenación: "Lo que hemos visto y oído no lo podemos callar", frase de los Hechos de los Apóstoles (Hch. 4, 20). Además, celebrará su Ordenación diaconal en la Parroquia Nuestra Señora de Luján en Trinidad, donde estuvo varios años acompañando pastoralmente esa comunidad.
Actualmente trabaja junto al Padre Marco Antonio Jorquera en la Parroquia de Ecilda Paullier.
El Diácono El Diácono es un Ministro de la Iglesia que forma parte del clero junto a los obispos y los presbíteros. Dentro de las funciones que puede ejercer están: proclamar el Evangelio, asistir en el altar, impartir la bendición, presidir una celebración del matrimonio, bautizar, predicar, celebrar exequias y liturgias de la Palabra. Su función es la de servir a la comunidad.
La palabra diácono tiene su origen griego “diáconos” que significa “servidor”. Es un hombre que ha recibido el primer grado del sacramento del Orden Sacerdotal por la imposición de las manos del obispo. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, los diáconos no son sacerdotes, a pesar de pertenecer al orden sagrado. Dentro de la Iglesia Católica existen dos tipos de diáconos: lo Diáconos transitorios (en tránsito al sacerdocio) y los Diáconos permanentes.
Vestimenta de los Diáconos Las vestiduras propias del diácono son la estola puesta al modo diaconal, es decir, cruzada en el cuerpo desde el hombro izquierdo y anudada por sus extremos en el lado derecho, a la altura de la cintura.
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Nombre completo: Fernando Humberto Perera Chagas Lugar y fecha de Nacimiento: Santa Lucía, Canelones; el 4 de enero de 1984. Estudios primarios, secundarios: La primaria la hice entre la Escuela 41 de Santa Lucía y la Escuela 105 de San José. La secundaria completa en el liceo Nº1 de San José. Ingreso al Seminario: el 21 de febrero de 2003. Estudios en Facultad de Teología: Filosofía y Teología. Bachillerato en Teología.
1. ¿Cómo y dónde surgió tu vocación de sacerdote? Primero que todo, que lindo este ejercicio de volver a pasar por el corazón, recordar, aquellas personas, aquellos acontecimientos que hicieron y hacen que siga descubriendo este tesoro tan grande la vocación al sacerdocio, a la cual siento que Dio me llama. De una forma u otra el ingenio de Dios es sorprendente para llamar y acompañar a cada uno de nosotros en nuestra vida, en nuestra fe humana, en nuestras debilidades y riquezas. Por el año 1993 fue cuando me acerque a la Iglesia, más precisamente a la Catedral, allí empecé a caminar junto con una cantidad de gurises y unos espectaculares animadores que nos acompañaban en un grupo que hasta el día de hoy sigue latente lo vivido y compartido allí, la experiencia rica y hermosa de crecer con otros en valores cristianos, mucho amor y dedicación de las personas que nos acompañaban en el querido grupo Shalom: Michel, Teresita, Ruben, Noemi y tanta otra gente que aportaba de sus dones para hacernos sentir parte de una gran familia… Fue así que empecé a dar mis primeros pasos en la fe, me acerque a la parroquia de mi barrio, Nuestra Señora de Fátima, y allí conocí una preciosa comunidad y un gran cura, el padre Marco Antonio Jorquera, quien fue clave también en mis primeros pasos en empezar a discernir la vocación. El trabajo en la catequesis de niños y en el comedor que funcionaba allí fueron despertadores para sentir que no podía pensarme en un estilo de vida donde los demás no fueran protagonistas y que la entrega del tiempo y la vida propia por los demás es fascinante. Hoy lo leo desde aquel “morir para vivir” del Evangelio. Mis tiempos hermosos compartidos en los grupos de jóvenes de la Catedral y las experiencias fascinantes de la Pastoral Juvenil de iba diócesis que en aquel entonces acompañaba el Padre Sergio Pinto, fueron tiempos de mucho crecimiento y de nunca sentirme solo, eso creo que fue un terreno muy fértil para que pudiera crecer también en la relación con Dios que sin lugar a dudas deriva en la relación con los otros, va de la mano!! Los campamentos, las jornadas, las misiones, los encuentros, los retiros, los encuentro semanales, tantas experiencias compartidas con tantos y tantas!! Creo que el acompañamiento de tantas personas, que siempre estuvieron fueron claves para ir descubriendo aquellas luces que me fueron mostrando y ayudando a ir descubriendo lo que Dios me iba pidiendo y sin lugar a dudas el acompañamiento espiritual fue clave, ir confrontando con el sacerdote lo que uno iba sintiendo y descubriendo. Tiempo desafiante, de miedos, dudas, también de certezas, donde hay que afinar el oído interior y así decidirse, dar el primer paso, y así decir SI, “tirarse al agua”, con la fe de un joven en Dios. Pensarme como sacerdote me provocaba alegría, para mí eso también fue un gran termómetro, lo deseaba, lo soñaba.
2. ¿Cuál fue el lugar que ocupó la familia y la comunidad a la que pertenecías en esta decisión? Mi familia fueron de los últimos en enterarse, aunque siempre estuvo acompañándome en mis decisiones, porque veían también que la cosa era en serio y yo era feliz. En eso siempre estaré agradecido, al principio mi madre, Susana, casi enloquece, pero creo que es algo natural, jejeje. Agradecido con Dios por el tesoro de la familia, me ha regalado dos hermosas hermanas: Laura y Silvia. Y cinco hermosos sobrinos: Andrés, Florencia, Carolina, Natalia e Ignacio. Con los cuales he ido compartiendo de a poco y que vayan comprendiendo los pasos que he ido dando en este camino de formación. La comunidad desde siempre ha estado presente, desde la oración y la presencia, repito: nunca estamos solos. La riqueza de nuestra Iglesia es mucho más grande que lo material que podamos abarcar, uno lo va descubriendo en la experiencia de encuentro y camino compartido con la fe de la gente de nuestras comunidades.
3. Los sacramentos: la comunión y la Confirmación La primera comunión fue muy emocionante, ya que tenía 16 años, fue una decisión y un proceso muy lindo vivido y acompañado por mi catequista Mary Vera en la Parroquia de Fátima. Recuerdo que fue un 13 de mayo de 1999. Luego el tiempo compartido con trece compañeros más en la Catedral y acompañados por nuestro animador Tito Derigo, fue también un tiempo rico de proceso de preparación al sacramento de la confirmación que la recibí el 16 de diciembre de 2001. Pasos que me ayudaban a ir confirmando mi opción de fe por Jesús y querer seguirlo, conocerlo, aprender más de Él, estar con Él.
4. El ingreso al Seminario, ¿cómo fue y qué recuerdo de ese tiempo? El Seminario fue una gran experiencia de aprender a caminar detrás del Maestro, de crecer en intimidad con Él, de ir descubriendo y descubriéndome más en mis fragilidades y fortalezas, con la ayuda de los formadores, acompañantes espirituales: Padre Carlos Silva, Mons. Arturo, Mons. Milton y actualmente Mons. Martín Perez; y personas cercanas a la formación: en especial a las Hermanas Misioneras de los Sagrados Corazón de Jesús y María a quienes recuerdo con mucho cariño, en especial a la Madre Felisa y a la hermana Florencia. Quien es nuestro obispo diocesano, Mons. Arturo, aquel 21 de febrero de 2003 nos recibía a mí y cinco compañeros más: Mario, Darío, Fernando, Valentín y Fernando, para emprender el camino de Seminario. Linda experiencia de Introductorio y en especial el tiempo de apostolado en el Cottolengo Don Orione. Luego los dos años de Filosofía acompañados por el Padre Carlos Silva y la experiencia pastoral en la Parroquia Nuestra Señora de Luján en Trinidad acompañado por toda la comunidad y el Padre Gabriel Rainusso, la cual se extendió hasta la experiencia del año pastoral. La Teología fue un tiempo disfrutable, de crecer en el conocimiento de las verdades de nuestra fe, e ir dando pasos concretos en mi camino de seguimiento: la admisión a la Teología y los ministerios del lectorado y acolitado. En el segundo año de Teología empiezo la experiencia pastoral en la Catedral de San José, junto a el Padre Nelson González y el Padre Jorge Armas y luego con el gran Padre Mario Hernández. Tiempo de crecer humanamente y espiritualmente, de muchas alegrías y tristezas, de mucho acompañamiento y mucha soledad, de mucha misericordia y cercanía de Dios en especial en los momentos más difíciles, pero con la mano en el arado, la mirada fija en aquel que una y otra vez sentía que me decía: “Sígueme”.
5. Cuáles fueron los estudios en la Facultad de Teología? El tiempo de Facultad es toda una experiencia genial de encuentro y crecimiento en lo intelectual, pero sobre todo en el intercambio con compañeros de otras congregaciones que van en la misma senda, y también la riqueza de los laicos con los cuales compartíamos la formación. Recuerdo con mucho cariño a muchos docentes que dedicaban su tiempo y sus conocimientos, tanto en la Filosofía como en la Teología. Un gracias enorme también al personal de la Facultad, gente sencilla con una riqueza humana que estaban siempre al firme para lo que necesitábamos.
6. La experiencia en los Colegios, ¿cómo fue? Este campo es una de mis debilidades, me atrae mucho el trabajo en ellos y cada vez me convenzo más que son un terreno riquísimo para la evangelización. Un trabajo desafiante pero muy enriquecedor. Cuando hice el año pastoral en Trinidad se me dio la posibilidad de dar una mano en el Colegio San José donde están las hermanas Pobres Bonaerenses de San José, allí acompañe a tercero y cuarto de liceo como catequista y coordinador. Dedicaba dos mañanas a la semana para estar allí, dar las clase y también acompañar a los gurises, estar con ellos en el patio, los tiempos compartidos con los docentes y el personal de allí, era muy bueno. Agradezco a las hermanas que siempre apostaron por mi, por su paciencia y todo lo que me enseñaron en esa tarea. Hoy me encuentro en el Colegio Nuestra Señora del Huerto aquí en San José con las Hermanas del Huerto, con las cuales comparto la tarea de la catequesis de tercero de liceo desde el año pasado con una gran compañera catequista: Fabiana Ruiz. Uno se va encariñando con los gurises y descubre el gran tesoro que encierra cada uno en su vida. Dios que también nos habla y reclama a través de ellos atención, tiempo, cariño, tolerancia…También muy agradecidos con todos los docentes y personal de servicio de allí.
7. ¿Cuál es el motivo del lema elegido para esta Ordenación: “lo que hemos visto...”? Es una frase de los Hechos de los Apóstoles 4, 20; más precisamente cuando Pedro y Juan son juzgados por el acontecimiento de la curación de un paralítico en la puerta del Templo de parte de los sacerdotes y saduceos, los cuales les prohíben decir una sola palabra o enseñar en el nombre de Jesús. Es un pasaje fuerte y muy revelador, deja en claro la misión de aquellos que tenemos fe en aquel que nos cambio la vida, el Amor en persona… Como poder callar todo lo vivido y oído en todos estos años de vida de fe, no callar es dar testimonio siempre vivo y alegre de una Dios vivo y que es Amor, aun en las dificultades, la experiencia de encuentro con el Amor y la Misericordia de Dios transforma nuestras vidas y nos moviliza continuamente a poder seguir dando pasos en nuestra fe y vida. Considero que no es fácil y más en estos tiempos, pero no es imposible, al contrario, con viva voz, con todo nuestro ser estamos llamados a anunciar con nuestra entrega y vida todo lo que Dios hace y nos invita a hacer en nuestra vida. Todos somos llamados a vivir en el amor para ser felices, junto a Dios, con Dios, en su pueblo. Es nuestra responsabilidad de discípulos, continuar con la gran tarea de lo que nos fue confiado desde nuestro Bautismo: ser colaborados en la obra de Dios, en permanecer junto a Él como sus hijos y ser anunciadores de su Reino, es decir la presencia del Amor de Dios en todos y en todo.
8. Porqué elegiste la Parroquia de Luján para la ordenación? Como decía antes, allí di mis primeros pasos en el trabajo pastoral. Camino de cuatro años compartidos con tanta gente de allí. Allí siento que Dios me invitaba una y otra vez a ser un servidor, no estaba para ser servido. Lo compartido en las diferentes propuestas que acompañe de la vida de la Parroquia fue un tiempo muy lindo: los grupos de jóvenes, las misiones en Andresito, el grupo de animadores: Blanquita, Claudia; los Vicentinos en el comedor los sábados por la mañana, el llevar las comuniones a los enfermos con María Julia, los grupos de matrimonios, lo compartido con las catequistas de niños y adolescentes, las Eucaristías compartidas con la comunidad parroquial y de las capillas de San Martin de Porres y San Andrés. Comunidad sencilla y alegre, con espíritu vivo y siempre dispuesto a ayudar desde las posibilidades y dones de cada uno, me fueron ganando el corazón, por eso decido allí ordenarme como Diácono, servidor de Dios y para su Pueblo. Compartir mi alegría de la vocación en esa comunidad me emociona mucho, despierta en mi mucho cariño y agradecimiento.
9. Cuál es el mayor desafío de aquí en más? Permanecer fiel a lo que se me confía. No dormirme, ni achancharme en mi entrega que tiene que ser de todos los días, en todo momento. Amar y cuidar el amor a Dios y disfrutar de su presencia aún en lo más cotidiano: cuando la sequedad y la crisis toque la puerta, cuando el no encontrar sentido y la fe se achique permanecer… como dice nuestro obispo, con la certeza de que Dios no nos pone donde no nos pueda sostener.
Preguntas breves
La fe : don y tarea La Eucaristía: milagro de Amor Los amigos: Gran Tesoro La experiencia en los Colegios: Misión fascinante El Seminario: Primeros pasos como discípulo La Iglesia: Familia fiel. Madre Teresa de Calcuta: Es posible amar como Jesús. Juan Pablo II: Testimonio fiel y vivo La esperanza: certeza Los jóvenes: una pasión pastoral. La droga: parásito del sin sentido. Uruguay: Tierra de misión La política: desafío para dialogar Fernando Perera: Tesoro en vasija de barro
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Lectorado del Seminarista Fernando Perera En la Misa de la Jornada de la Juventud (Domingo 6 de setiembre de 2009) el Seminarista Fernando Perera, recibió de manos del Obispo el ministerio del lectorado, una de las etapas previas en el camino al sacerdocio ministerial, expresado en la entrega de una Biblia y una oración pronunciada por el Obispo. Fernando Perera es Seminarista de la Diócesis y cursa actualmente 3er. año de Teología en la Facultad de Teología Mons. Mariano Soler en Montevideo y durante los fines de semana realiza tareas pastorales en la Parroquia Catedral de San José. |
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Acolitado del Seminarista Fernando Perera (8 de diciembre de 2010)
¿Qué es el Acolitado? Este ministerio era llamado como “órdenes menores”, a las cuales el Papa Pablo VI, en consonancia con el espíritu del Concilio Vaticano II hizo una revisión de estas órdenes y realizó las siguientes adaptaciones: las órdenes que hasta ahora se llamaban “menores”, en lo sucesivo se deben llamar ministerios, estos ministerios pueden confiarse a fieles laicos, y no se considerarán reservados únicamente para los aspirantes al sacramento del Orden sacerdotal.
Las funciones de un acólito son: cuidar del servicio del altar, ayudar al diácono y al sacerdote en la liturgia, especialmente en la celebración de la Misa, distribuir la comunión como ministro extraordinario de la Eucaristía.
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