|
|
| Semana Santa 2010 |
|
Diócesis de San José de Mayo · Uruguay |
ESPECIAL
Semana Santa 2010
|
Saludo de Pascua 2010
“Contemplen al Señor y quedarán radiantes”
Hoy celebramos la Fiesta de las Fiestas. Día de la Resurrección ¡Pascua del Señor! Pascua por que Cristo nos hace pasar de la muerte a la vida.
“Este es el gran misterio del hombre que la Revelación cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida…” (G.S 22)
Ahora todo está lleno de luz, Él es la luz del mundo. Estamos invitados a volver la mirada a Jesús que es el Buen Pastor que ha venido a buscarnos.
En medio de las luchas, dificultades, rutinas y cansancios de cada día le decimos al Señor “no mires nuestros pecados si no la fe de tu Iglesia”.
En este año, como iglesia diocesana queremos ponernos a la escucha de la Palabra de Dios, profundizar en nuestras comunidades la lectura hecha oración de la Biblia.
Confiamos que la Palabra leída, meditada y hecha vida, nos ayude a profundizar los MODOS y ACCIONES que descubrimos en cada Parroquia en el camino de elaboración del Proyecto Pastoral Diocesano.
Sobre todo, queremos testimoniar la alegría y la belleza de la fe, el gozo de ser cristianos y de descubrir en el Señor Jesús el Sentido de la vida.
Que esta celebración de la Pascua nos anime cada día en el seguimiento de Cristo, el Camino viviente, “rostro humano de Dios, rostro divino del hombre”.
Felices Pascuas!
Con mi saludo y mi bendición
+Arturo Obispo de San José de Mayo
|
|
Celebraciones presididas por el Obispo Diocesano
Domingo de Ramos | Basílica Catedral y Capilla Nuestra Señora del Carmen (Barrio Cementerio)
|
|
Jueves
Santo | Basílica Catedral y Santuario Nacional de San José
Homilía en la Misa Crismal Mons. Arturo Fajardo, Obispo de San José de Mayo
Basílica Catedral de San José, 1º de abril de 2010
Dice el Evangelio de San Lucas que fue proclamado “El espíritu del señor está sobre mi, porque me ha consagrado por la unción, el me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor”
Cuando llegamos a la hora de la Misa Crismal siempre recuerdo las palabras que nos decían el día de la ordenación, y creo que siempre tendremos que volver a meditarlas: “Consideras lo que realizas, imita lo que conmemoras y conforma tu vida con la cruz del Señor”.
El jueves santo es el día en el que el Señor encomendó a los doce la tarea sacerdotal, de celebrar con el pan y el vino el sacramento del cuerpo y de la sangre hasta su regreso.
Estamos viviendo el Año Sacerdotal; el lema que el Papa Benedicto XVI eligió es: “fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. En la certeza de que el Señor es fiel, que también podemos construir nuestra propia vida y nuestra propia vocación. Es lindo al comienzo de esta celebración tener presente este sentimiento, agradecer el trabajo de tantos, de laicos, religiosos, de todos los que hacen posible la obra de la evangelización en la Diócesis en especial de esta Misa Crismal y del resto de las celebraciones de esta Semana Santa y hoy en particular de todos los sacerdotes de la Diócesis, de todos los que trabajan y siembran en la comunidad de San José y Flores.
Agradecerles la siembra, el esfuerzo y su deseo de acompañar, pastorear y dar la vida por el pueblo de Dios que se les ha confiado. Es bueno en estos tiempos en que los pecados de algunos parecen poner en entredicho la entrega de tantos, agradecer al Señor tantas figuras sacerdotales que fueron testimonio de Dios para nosotros.
Gracias a esos testigos es que yo llegué en mi vida a cuestionarme porqué no sacerdote. Traer a la memoria hoy y agradecer al sacerdote que nos bautizó, el que perdonó nuestros pecados, el que nos dio el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el que atendió a nuestros enfermos, el que acompañó hasta la sepultura a nuestros queridos difuntos.
Tantos sacerdotes que recordamos, en lo personal podría decir que tengo el corazón lleno de sus nombres, aquellos que me acompañaron, me guiaron, me ayudaron a descubrir la belleza de la fe y la alegría de ser cristiano, me hicieron cuestionar con el sentido de la vocación. Podría recordar a Mons. Quaglia, que fue Obispo de Minas, que a pesar de su vejez vivía siempre rodeado de jóvenes y preocupado de proponer siempre la vocación sacerdotal y preocupado por las vocaciones en su Diócesis.
En él se realizó aquello que dice el evangelio de la semilla que cae en tierra, muere y da frutos, después de la muerte de Quaglia florecieron muchas vocaciones que hicieron posible la continuidad del anuncio del Evangelio en la Diócesis.
Por eso hoy la invitación es volver al Cenáculo, donde el Señor se reúne con los doce.
El modelo que propone el Papa para este año sacerdotal es el Cura de Ars. En un comentario decían que era el último cura de Francia, en el último pueblo de Francia, por eso el Cura de Ars es un misterio de la gracia, de la fuerza de Dios que se muestra perfecta en la fragilidad y que hacen grandes cosas con elementos precarios que somos nosotros.
El Papa en la Carta que escribió con motivo del Año Sacerdotal, hace una descripción que no me resisto a leerles y compartir con ustedes sobre la figura del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney:
“En este sentido, la enseñanza y el ejemplo de san Juan María Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo. El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”. Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…”. Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir, ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo”.
Estas afirmaciones –continúa el Papa- nacidas del corazón sacerdotal del santo párroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Parecía sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: “Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor… Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes… Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias… El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para los demás”.
Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación.
Decía el Cura de Ars, y pedía: “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión. El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado”.
Ante este panorama maravilloso siempre tendremos que cuidar el ajetreo diario, que la rutina no marchite lo que es grande y misterioso, necesitamos de ese recuerdo, necesitamos volver a aquella hora en la que el Señor puso sus manos sobre nosotros y nos hizo participar de este misterio, el gesto de la imposición de las manos con el que el Señor tomó posesión de cada uno de nosotros, tienen una fuerza impresionante, tú me perteneces, tú estas bajo la protección de mis manos, estás en el espacio de mis manos, dame las tuya, el Señor nos ha impuesto las manos y ahora quiere las nuestras para que en el mundo, seamos las suyas.
Pongamos nuestras manos hoy, nuevamente a su disposición, confiados en que nos lleve siempre de la mano, que nos guíe como en aquella primera invitación que escuchamos: Sígueme!. Que siga resonando a través de la historia, el Señor sigue llamando a otros a ser sus discípulos a caminar con Él.
Quizá hayamos tenido la experiencia de Pedro, que ante la pesca milagrosa nos asustamos ante la pequeñez y la fragilidad, “apártate de mi que soy un hombre pecador”, pero el Señor nos ha llevado hacia si y nos ha dicho: “no tengas miedo, estoy contigo, no te dejo, tú no me dejes”.
Como Pedro, tantas veces tenemos miedo ante la dificultad de caminar sobre las aguas, con viento en contra, con aguas embravecidas, quizás hemos tenido tantas veces la necesidad de que el Señor nos sostenga, y hemos sentido que Él nos sostiene, que nos tiene de la mano e impide que nos inundemos.
En cada Misa, antes de comulgar le pedimos al Señor, que no permita que nos separemos de Él. Pidámosle hoy no quedar nunca fuera de la comunión con su Cuerpo, pidamos que nos lleve de la mano, Él nos vuelve a decir cada día, que nos quiere, nos necesita para continuar su obra en medio del mundo, que no somos siervos, sino amigos, que nos confía todo, que se confía a si mismo, que podemos hablar en su nombre, cada vez que decimos: “yo te bautizo”, “te absuelvo”.
Uno se queda maravillado de la confianza que el Señor ha puesto en nuestras manos, los signos de la ordenación sacerdotal son manifestación de esta palabra: la entrega del libro, del cáliz; estamos llamados a crecer cada día en esa amistad con el Señor, ser verdaderos amigos.
Tenemos que intentar crecer en esta amistad y comprometernos cada día, que persistamos en esa comunión de sentimientos, de voluntad, de conocerlo de manera personal, escuchándolo en la Sagrada Escritura, en la Lectio, que tanto a veces compartimos en la comunidad, viviendo y estando con Él.
Benedicto XVI dice que el corazón del sacerdocio consiste en ser amigos de Jesucristo, salir de la ignorancia de siervos para aprender a vivir, sufrir y actuar con Él y por Él. Amistad con Jesús, amistad con los suyos, con la Iglesia. En la santa iglesia es que el señor se hace contemporáneo nuestro.
El Papa cita unas palabras de un sacerdote romano, Andrea Santoro, asesinado mientras rezaba: “Estoy aquí para vivir entre esta gente y permitir que Jesús lo haga prestándole mi carne… Sólo somos capaces de salvación ofreciendo la propia carne. Hay que cargar con el mal del mundo y compartir el dolor, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como hizo Jesús». Jesús asumió nuestra carne. Démosle también nosotros la nuestra, para que pueda venir al mundo y transformarlo. Amén” |
|
|
|
Via Crucis por las calles de la ciudad Viernes Santo, 2 de abril |
|
Misión salesiana en el Barrio Industrial Del 27 al 31 de marzo de 2010
La Misión de los jóvenes comenzó el sábado 27 de marzo en horas de la mañana y se extenderá hasta el día miércoles 31 en medio de la Semana Santa y abarcará el territorio de la Parroquia del Barrio Industrial de la ciudad de San José, que integran los barrios Industrial, Las Palmas, Capitán Manuel Artigas, Picada de las Tunas y Exposición.
Durante los días de misión los jóvenes se alojarán en el Hogar Católico de San José, por las mañanas tendrán un compartir fraterno entorno a la fe y la vida comunitaria y por la tarde en la Parroquia del Barrio Industrial tendrán un espacio para los niños de 5 a 12 años, las actividades van desde un intercambio de mensajes, juegos, catequesis entorno a la Semana Santa, entre otras dinámicas propuestas.
Los jóvenes misioneros serán acompañados de varios animadores, religiosos, entre ellos el Padre Jorge Pérez, sacerdote salesiano. |
|
La Semana Santa es la conmemoración anual en que el calendario cristiano que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.
Va precedida por la Cuaresma, que culmina el Jueves Santo y da paso a un nuevo período litúrgico, la Pascua.
La Semana Santa cuenta con celebraciones propias que recuerdan la institución de la eucaristía en el Jueves Santo, la Crucifixión de Jesús y su Muerte el Viernes Santo y su Resurrección en la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
Triduo Pascual Los días más importantes de la Semana Santa son los formados por el llamado Triduo Pascual: Jueves Santo, Viernes Santo, en el que se conmemora la muerte de Cristo y Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro. Comprende el tiempo desde la tarde del Jueves Santo, hasta la tarde del Domingo de Pascua. Es el corazón del año litúrgico. |
Horarios de celebraciones en Semana Santa
en Parroquias de la Diócesis
|
Semana Santa 2010
La Semana Santa es la conmemoración anual en que el calendario cristiano que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.
Va precedida por la Cuaresma, que culmina el Jueves Santo y da paso a un nuevo período litúrgico, la Pascua.
La Semana Santa cuenta con celebraciones propias que recuerdan la institución de la eucaristía en el Jueves Santo, la Crucifixión de Jesús y su Muerte el Viernes Santo y su Resurrección en la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
Triduo Pascual Los días más importantes de la Semana Santa son los formados por el llamado Triduo Pascual: Jueves Santo, Viernes Santo, en el que se conmemora la muerte de Cristo y Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro. Comprende el tiempo desde la tarde del Jueves Santo, hasta la tarde del Domingo de Pascua. Es el corazón del año litúrgico. |
|
|
|
El jueves comienzan las celebraciones centrales de la Semana Santa
Se conoce como Triduo Pascual a los tres días en que los católicos celebran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Comprende el tiempo desde la tarde del Jueves Santo, hasta el Domingo de Pascua. Es el corazón del año litúrgico.
Jueves santo
Es el primer día del Triduo Pascual. En este día la Iglesia Católica conmemora la institución de la Eucaristía en la Última Cena de Jesús, y del Sacerdocio.
En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los demás óleos, que se emplearán en la administración de los principales sacramentos. Es una manifestación de la comunión existente entre el Obispo y sus Presbíteros en el único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo.
Con la misa de la noche que el Obispo presidirá a las 19:30 en la Catedral de San José se inicia el llamado Triduo Pascual que culminará en la Vigilia que conmemora, en la noche del Sábado Santo la Resurrección de Jesucristo.
Dentro de los oficios del día, adquiere un destacado simbolismo el lavatorio de pies que realiza el celebrante y en el que recuerda el gesto que realizara Jesús antes de la Última Cena con sus apóstoles. Finalizados los oficios vespertinos, el Santísimo Sacramento se traslada del Sagrario a otro lugar, quedando el mismo abierto. El altar es despojado de todo tipo de ornamentos.
Viernes Santo
En la Iglesia Católica, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no se celebra la Eucaristía.
En los oficios del día que presidirá el Obispo diocesano se realizarán aquí en la Catedral a las 16:00 horas se conmemora la Pasión y Muerte de Jesús.
En la tarde a las 19:30 desde la Capilla del Barrio Dotta hasta la Catedral tendrá lugar el Vía crucis (camino de la Cruz), donde a través de catorce estaciones se rememoran los pasos de Jesús camino a su muerte. En el Barrio Dotta se procederá también a la Bendición de la nueva ubicación de la Santa Cruz.
Sábado Santo (Vigilia Pascual)
La Vigilia Pascual es una de la celebración litúrgica más importante de la Iglesia utilizando un ritual muy semejante en todas las confesiones. En ella es de especial importancia los símbolos de la luz y el agua.
En la Vigilia Pascual, la Iglesia Católica celebra una liturgia muy especial, y lo hace con la máxima solemnidad.
En la Basílica Catedral de San José el Obispo de San José de Mayo, Mons. Arturo Fajardo presidirá esta celebración a partir de las 21 horas.
Empiezan los oficios con el templo a oscuras, encendiéndose y bendiciéndose un fuego en el atrio, en un lugar fuera del templo. De ese fuego se enciende el Cirio Pascual, una enorme vela que simboliza a Cristo Resucitado. Luego, los fieles encienden sus velas propias de la llama del Cirio. Llegados al presbiterio, se coloca el cirio en el centro del mismo junto al altar, se encienden todas las luces del templo y se canta el “Exsultet”, o pregón pascual, antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que proclama la gloria de la Resurrección de Cristo.
Tras la homilía del Obispo tiene lugar la Liturgia Bautismal donde se bendice el agua de la pila bautismal y se cantan las Letanías de los Santos. También, los fieles presentes renuevan sus promesas bautismales, y tomando de nuevo la luz del cirio pascual, y se los asperja con agua bendita. Finalmente, se continúa la Misa con la liturgia eucarística de la manera acostumbrada.
Domingo de Pascua
El Domingo de Resurrección, los cristianos celebran la Resurrección de Jesucristo tras haber sido Crucificado. Tiene lugar como culminación de la Semana Santa y en él se abre un nuevo período litúrgico: la Pascua de Resurrección.
Cristo triunfó sobre la muerte y con esto abrió las puertas del Cielo a los creyentes. En la Misa dominical se recuerda de una manera especial. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo Resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando se conmemora la subida de Jesús al Cielo.
Durante el período que ahora comienza, los cristianos recordarán la Resurrección y las sucesivas apariciones de Jesús a los apóstoles, a la Virgen y a las Santas Mujeres. El tiempo en que Jesús, Resucitado ya y habiendo vencido a la muerte, permaneció aún en la Tierra.
Las Misas de Pascua en la Basílica Catedral de San José serán a las 10:00 hs. en la mañana, la cual será presidida por Mons. Arturo Fajardo, Obispo diocesano y a las 19:30 hs. por la tarde, Misa presidida por el Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Anselmo Pecorari, el cual oficiará la Misa en recuerdo de Giovanni Pecorari Peña, familiar del religioso. |